martes, 16 de febrero de 2016

Evolución del paradigma de formación docente en Venezuela


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El modelo social y político planteado desde los gobiernos para lograr los objetivos establecidos en la visión de nación o región de naciones, es el verdadero molde en el que se incrusta el sistema educativo, que se concibe como servidor a los intereses de quien lo administra. Esta idea, tan antigua como la civilización, representa el escenario sobre el cual se expone el problema de la formación de quienes terminarán ejerciendo la verdadera influencia, para que dicho modelo permanezca vigente: los docentes, profesores y maestros. En este sentido Bourdie (citado por Suárez y Rodríguez, 2007) afirma qué es en las instituciones de formación de los enseñantes donde tiene lugar la interiorización por los futuros maestros de los valores y las normas de una sociedad, que se pondrán de manifiesto posteriormente en la acción educativa.
En Venezuela el concepto de formación docente ha seguido una sencilla línea de adiestramiento para lograr en la práctica los requerimientos que la coyuntura social exige. Esta realidad se evidencia en la situación particular de la década de los 60, en la que, la naciente democracia representativa lograba un importante incremento en matricula estudiantil del 42%, por lo cual fue necesario implementar un mecanismo condensado, estructurado y programático que sustentara en las aulas tal crecimiento. En palabras de Quintero (2011):

“El proceso de enseñanza aprendizaje en la formación inicial sigue el modelo tecnicista el cual se caracteriza, según Matos (2006) por ser un enfoque profecionalista tecnocrático del docente, centrado en el manejo de técnicas, normas y conocimientos instrumentales que garanticen la eficacia en el logro de objetivos”
         Cuando han pasado más de 50 años de este fenómeno, y una larga secuencia de hechos trascendentales, tanto en Venezuela, como en el mundo, la realidad del concepto de formación, continúa siendo la misma.
            Sin embargo, en medio de lo que podría llamarse, un forzoso periodo reflexivo, motivado por el arrollador impacto de las nuevas técnicas de comunicación e información, que han servido la mesa para el más devastador proceso de pérdida de identidad nacional y valores del cual se tenga memoria, el sistema educativo venezolano está recibiendo una positiva influencia de sus vecinos latinoamericanos, en función de humanizar la escuela para llegar realmente al alma de los estudiantes.
                Por ello se plantea un dinámico y enriquecedor debate sobre, no solo la necesidad de formarse, sino la urgencia de hacerlo sobre un paradigma que tenga fines más elevados que lo meramente conceptual, procedimental y actitudinal. Para Quintero (2011) el modelo tecnocrático se apoya en el paradigma de investigación proceso-producto que establece correlaciones entre comportamientos observables del profesor y rendimiento de los alumnos. Se hace evidente entonces, que trascender al modelo de formación, implica hacerlo necesariamente al de investigación.
           Por ello surge un enfoque más sistémico que lineal, basado en los procesos o la gestión donde el aprendizaje es un concepto más amplio que va desde la consideración de los referentes teóricos como plataforma, siempre que tengan un verdadero impacto significativo en todo el ámbito de las experiencias del ser. Para Suárez y Rodríguez (2007) lo importante en la formación del profesional de la educación, será:

“La vivencia de experiencias sociales o intelectuales, individual o colectivamente desde la idea de que un enseñante no es un trasmisor de conocimientos, sino que su actividad pedagógica en el campo de la instrucción se apoya en la madurez, en la capacidad de respuesta ante las situaciones complejas, y de respuesta a sí mismo, a las demanda o a los problemas que surgen de manera imprevista. El acento de la formación de enseñantes se pone más sobre el desarrollo de la personalidad del profesor.”
          De esta manera la relación entre la teoría y la práctica va mucho más allá de la reproducción dogmática de lo establecido. La práctica puede transformarse en una oportunidad libre de generar nuevas ideas, incluso desechando por completo las anteriores.
           Lo que sigue es una visión cada vez más cercana al humanismo. El ser no es formado desde el exterior, aunque si requiere de la relación armónica y holística con su entorno. Aquí el concepto de formación varía a la idea más bien de “tomar forma”. Es decir, no se aprende para aprender y ni siquiera para enseñar: se aprende para ser. A juicio de Ferry (citado por Suárez y Rodríguez, 2007) se trata de un aprendizaje privilegiado que comprende todos los demás. Esto implica poder para determinar los aprendizajes a realizar en cada circunstancia, lo que equivale realmente a aprender a tomar conciencia. Está íntimamente ligada a la Teoría dialogística de la formación de Menze (Citado por Marcelo 1995) que entiende que lo importante es la autorrealización personal del ser, para su liberación como persona.
           Con este enfoque de avanzada cabe reflexionar si se ha logrado arribar al tiempo en que la escuela moldeé a la sociedad verdaderamente y no al contrario como hasta ahora exhibe la historia.

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Referencias:
Suarez y Rodríguez (2007). Paradigmas básicos en la formación del profesorado. Tomado de http://www.actaodontologica.com/ediciones/2007/4/paradigmas_basicos.asp. Fecha: 01/10/2015

Quintero, Y. (2011). Modelo pedagógico de desarrollo de los  modos de actuación pedagógicos profesionales  en el plano de contraste del programa nacional de formación de educadores. Instituto pedagógico latinoamericano y caribeño.

Marcelo, C. (1995). Formación del Profesorado para el Cambio Educativo. Barcelona

Para citar este post:
Rodríguez, G. (2016). Evolución del paradigma de formación docente en Venezuela. Asesoría Integral Solidaria. Recuperado de http://asesoriaintegralsolidaria.blogspot.com/